El autobús está bastante lleno de gente. Y eso que es sábado y aún temprano.

Desde el momento en que se abren las puertas, ya oigo el parloteo. Es de un niño bastante pequeño, a juzgar por la vocecilla: una de esas vocecitas estridentes y que pronuncian de manera extraña, con el paladar aún blando.

Es curioso... el bonobús es más caro este año. Sin embargo, el billete sencillo ha bajado 5 céntimos respecto del precio del año pasado. Para que luego digan que todo sube.

Pago billete y me dirijo a algún asiento libre. Los únicos que hay están al fondo, así que me voy hacia allá haciendo equilibrios para no caerme con los bandazos. Mi equilibrio no es que sea muy estable que digamos.

Según avanzo por el pasillo veo al niño parloteante: no tendrá más de 3 años, y es una de esas monadas regordetas de mofletes rojos. De esos críos a los que te dan ganas de pellizcar las mejillas. Va en brazos del que supongo que es su padre, un tipo joven con aspecto sudamericano, que parece bastante cansado.

En cuanto que me ve acercarme, el peque empieza a gritar una y otra vez "¡Hola chica!", cada vez un poco más fuerte. El padre hace una mueca, creo que su hijo le está dejando sordo. Así que conmuto a modo simpático y le digo "Hooolaaaa" al crío.

Consigo que se calle durante unos 5 segundos.

Me siento en el primer asiento libre que veo, justo al otro lado del pasillo de donde están padre e hijo, y delante de una anciana que va con su hija, o al menos eso supongo por el parecido entre ellas. La anciana está diciéndole cosas al niño, pero el crío pasa de ella; se ve que ahora ha decidido hacerme caso a mí. Empieza a gritar otra vez "¡Hola, hola!" y le vuelvo a saludar, esta vez con la mano.

El crío tira de la manga a su padre y le dice "Mira qué chica tan guapa". La anciana se echa a reír, y yo también. Me dan ganas de contestarle que eso seguro que se lo dice a todas, pero al final meneo la cabeza y no le digo nada.

Me pregunto si de mayor seguirá considerándonos guapas a todas.

El crío empieza a parlotear con su padre. Creo que quiere que le dé un caramelo, pero no veo más porque el padre se levanta con él en brazos y pulsa el botón de parada.

Según avanzan por el pasillo, veo que el crío le planta un beso en la mejilla al padre, uno de esos besos sonoros que suenan con un estallido. Oigo que berrea "Papá, ¡quiero un beso!".

No consigo ver si su padre se lo devuelve.